BAjar del ring: Parte 3
- Carla Cisneros

- 18 abr 2024
- 4 Min. de lectura

Capítulo 6: Los golpes duelen.
Comenzó hace unas semanas, quizás 3. Se acabó tan rápido como si fuera un cerillo recién prendido. A la cuenta, parece que duro solo unos segundos pero en realidad fueron años.
Esta sentada en el banquillo, prende un cigarro en cuanto acaba la pelea y parece que se quedo fijamente mirando la sangre entre los nudillos. HAy mucha sangre y mucho dolor. Los golpes que se reciben son equiparables a los que da, pero se reciben mas fuerte de lo que parece.
Con una uña retira parte de la carne y sangre que le quedo entre las otras uñas. El cigarro sigue prendido, dura mas ese que el cerillo. Ahora que lo piensa, esos años duraron mas con todo, y desdes un inicio debio darse cuenta.
No lo hizo y por eso esta ahora peleando contra casi 100 kilos de masa humana.
El box es un show, no es quien gane sino como llegas a ese ultimo round. Pero no esta aquí para ganar dinero como otros hacen cuando suben al ring. Esto es una terapia que le ayuda a sacar todo eso. El coraje, las tristezas, las frustraciones, las esperanzas que no fueron. Subir al ring implica defenderse. Hay quien gana y quien pierde. Pero al final ambos reciben golpes.
Le sigue sangrando una mano, la mira mientras aspira una fumada.
Al fondo suena una canción...
"Well, I can tell by your smile what you wanna do,
See in your eyes you got the feeling, too.
Come on, baby, it's time to move,
'Cause I've got something that's a stone groove,
I got love, love, I said love, sweet love,
I got love, baby."
No es la letra, es la música. La sangre que sigue saliendo de los puños. El cigarro que esta por acabarse, la ceniza que quedo tirada en el suelo sucio de madera. Es la maldita pelea que acaba de terminar y con ella llega la catarsis. Es la última vez que bajará de un ring, porque eso implica no volver a subir.
SE cansó del entrenamiento, de esperar el día, de practicar para esa pelea. Entrenar ayuda a calmar la cabeza, pero es cansado.
Todo es cansado últimamente.
Capítulo 7: Los golpes duelen.
Sabrán que las clases de yoga y los ejercicios de respiración no funcionaron. Aquel pinche terapeuta no contesto nunca y el nuevo sugirió que enfrentar las cosas era lo mejor. total ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué golpes a alguien?
Y aquí esta. Golpeando. Después de las tardes de entretanamiento, y de aceptar - no se por qué- esa pinche pelea que además le preocupo todos los días. ¿Y si pasaba algo?
Acepto. Se subió. Y ahí esta, golpeando con todo el coraje que trae en el estómago. Acumulado de tanta chingadera que le paso en todos esos años. De aguantar tanto solo porque no le gustan los problemas. Golpeando esta. Bueno. Lo estaba hace unos minutos. Ahora estamos en el banquillo, con un cigarro prendido. Repasando la historia de cómo comenzó todo lo que hace rato se acabo. Con las manos llenas de sangre y pedazos de carne de alguien mas entre las uñas.
No fueron las faltas de respeto al inicio, tampoco las ganas de salir corriendo cada que el se enojaba, ni el hartazgo que le causa saber que él no sabe controlarse. No fue físico, pero era todo lo otro. Es odioso estar con una persona que presume de tener el control de todo, pero que no se sabe controlar. Eso es odioso: presumir de lo que no eres. Ahí surgió ese coraje que fue creciendo cuál tumor; en la presunción, en la altivez, en creer que se era algo que jamás será.
El box permite enfrentar eso sin decir palabras: Izquierda, derecha, gancho, jab, jab, jab... Aprendes a golpear, entrenas, corres, sudas, lloras y un día te subes al ring y le propinas una cantidad de golpes al contrario - que ni culpa tiene de lo que te pasa - con el fin de hacerlo sangrar, verlo caer, y demostrar - como aquellos romanos que peleaban - que eres el animal mas fuerte.
Pero ni eres animal, ni ese otro tiene la culpa de lo que te pasa.
Hay que bajar del ring.
Empieza a pensar mientras suelta los golpes que hay que bajar. No debe estar ahí. Golpear a otro implica recibir golpes también.
¿Por qué le hizo caso al pinche terapeuta nuevo? ¡Si pasa! ¡Si pasa algo si dices lo que piensas! Siempre hay consecuencias.
Hay gente con la que no se puede dialogar. Este es el caso. Y si no saben hacerlo no puedes recurrir a la violencia. Tienes que bajar del ring.
Esta en el banquillo. Las bocanadas son tan largas que prendera otro cigarro cuando dé su ultimo aliento.
Ya no se trata de la pelea y lo que uno puede dar.
La música sigue sonando al fondo. EL piso esta sucio, el cuarto huele a esa humedad que provoca el sudor y que nadie ha limpiado en días. Hay una toalla sobre la silla, sucia. Y ahora, un charco de sangre de esa mano que no deja de sangrar, y que se acompaña de ceniza de un cigarro, que por cierto, tenía años sin prender.
"Desconfía de quienes no tienen vicios". Y regreso. AL vicio, al coraje y a ese pensamiento que le nubla la cabeza pero que ahora le indica que no volverá a subir al ring.
Ahí estaba, perdiéndose en la música de fondo.
Suena el teléfono dentro de su maleta. Se levanta, y manchando todo de sangre lo toma.
Es el pinche terapeuta.




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